¿Tan difícil es festejar sin destruir?

Hay algo que cuesta entender. Cada vez que juega la Selección Argentina, miles de personas salen a celebrar con alegría, banderas y familias enteras. Pero siempre aparece un grupo de irresponsables que confunde festejar con romper todo.

Por eso hoy la Plaza Belgrano amaneció vallada. No por una amenaza externa. No por un desastre natural. Está vallada porque las propias autoridades saben que hay quienes son capaces de treparse a los faroles, romper mobiliario público y destruir un espacio que es de todos.

Es increíble que en pleno siglo XXI todavía haya personas que crean que un farol es una tribuna. No lo es. Está para iluminar la plaza, no para soportar el peso de alguien que busca cinco minutos de protagonismo mientras genera daños que después terminamos pagando entre todos.

Y lo más indignante es que la mayoría de quienes salen a festejar lo hacen de manera pacífica. Sin embargo, por culpa de unos pocos, ahora hay que gastar recursos en vallas, operativos policiales y reparaciones que podrían destinarse a necesidades mucho más importantes.

Romper la plaza no te hace más hincha. Treparte a un monumento no demuestra pasión. Dañar el patrimonio público no tiene absolutamente nada de patriótico.

Si realmente amás a la Argentina, empezá por respetar lo que es de los argentinos.

Ojalá llegue el día en que las plazas no necesiten estar valladas para protegerse de sus propios ciudadanos. Ese día habremos entendido que celebrar un triunfo también implica demostrar educación, respeto y responsabilidad.

Daniel Argote

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