
Subir el volumen del televisor, pedir que repitan una conversación o dejar de participar en reuniones familiares suelen naturalizarse con el paso de los años. Sin embargo, especialistas advierten que esos cambios pueden ser señales de una pérdida auditiva que, si no se trata a tiempo, también puede impactar en la memoria, la atención y la calidad de vida.
La pérdida auditiva es uno de los problemas de salud más frecuentes en adultos mayores, aunque muchas veces permanece sin diagnóstico durante años. Los especialistas sostienen que la mayoría de los pacientes consulta recién cuando las dificultades para escuchar ya comenzaron a afectar su vida cotidiana y sus relaciones sociales, un retraso que puede influir en el deterioro cognitivo.
Cómo afecta la pérdida auditiva al cerebro
El otorrinolaringólogo Fernando Diamante explicó que cuando el oído deja de transmitir correctamente los sonidos, el cerebro debe realizar un esfuerzo adicional para completar la información que falta.
Ese trabajo constante consume recursos destinados a otras funciones, como la memoria y la atención. Además, la menor estimulación sonora provoca que determinadas áreas cerebrales reduzcan su actividad con el paso del tiempo.
A esto se suma otro factor importante: muchas personas con dificultades para escuchar comienzan a evitar reuniones sociales, conversaciones o actividades grupales porque les resulta cada vez más difícil seguir el ritmo de una charla.
Ese aislamiento progresivo también repercute en la salud cognitiva y emocional.
“El paciente llega a la consulta cuando ya lleva años escuchando mal. En ese tiempo perdió mucho más que audición”, explicó el especialista.
La pérdida auditiva y el riesgo de demencia
Diversas investigaciones científicas respaldan la relación entre la pérdida de audición y el deterioro cognitivo.
Un informe de la comisión The Lancet publicado en 2020 ubicó a la hipoacusia entre los principales factores de riesgo modificables para el desarrollo de demencia y estimó que está presente en alrededor del 8% de los casos.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos diagnósticos relacionados con trastornos auditivos en todo el mundo.
Los especialistas aclaran que la pérdida auditiva no provoca por sí sola una demencia, pero sí puede favorecer condiciones que aumentan el riesgo de deterioro cognitivo cuando no recibe tratamiento.
Cuáles son las señales que no deben ignorarse
En muchos casos, la pérdida auditiva comienza de forma gradual, por lo que tanto la persona afectada como su entorno suelen atribuir los cambios al envejecimiento o a simples distracciones.
Entre las señales de alerta se encuentran:
- Dificultad para seguir conversaciones en restaurantes o ambientes con mucho ruido.
- Pedir con frecuencia que repitan lo que se dijo.
- Escuchar zumbidos persistentes en uno o ambos oídos.
- Responder con frases que no guardan relación con la conversación.
- Evitar reuniones sociales o participar cada vez menos de las conversaciones.
Los especialistas recomiendan consultar ante cualquiera de estos síntomas para realizar una evaluación auditiva completa.
Qué tratamientos existen para la pérdida auditiva
El primer paso consiste en un estudio audiológico que permita determinar el grado de pérdida auditiva y definir el tratamiento más adecuado.
Actualmente, los audífonos representan la alternativa terapéutica más utilizada para mejorar la audición en personas con hipoacusia. En casos más severos pueden indicarse implantes cocleares, además de otras intervenciones específicas según el origen del problema.
Hasta el momento no existen medicamentos capaces de revertir la pérdida auditiva.
Los especialistas destacan que iniciar el tratamiento en forma temprana mejora la adaptación de los pacientes y ayuda a preservar la autonomía en las actividades cotidianas, además de favorecer la participación social y disminuir el riesgo de deterioro cognitivo.
“Un audífono no es una prótesis de la vejez ni una rendición. Es un tratamiento, y cuanto antes se indica, mejor se adapta el paciente”, señaló Fernando Diamante.

