
Una escena de fuerte tensión se vivió en la zona de la vieja terminal de San Salvador de Jujuy, donde una vendedora ambulante decidió encadenarse a su puesto para impedir su desalojo. El hecho generó conmoción entre vecinos y reavivó el debate sobre el trabajo informal y los controles municipales.
La protagonista es Doña Angélica, una comerciante que, según relató, lleva más de 50 años vendiendo bollos en las inmediaciones del mercado ubicado sobre calle Zegada. La mujer, que además padece una discapacidad, asegura que esta actividad representa su única fuente de ingresos y rechaza el traslado que le habrían planteado inspectores municipales.
De acuerdo a su testimonio, en las últimas semanas recibió advertencias para abandonar el lugar donde trabaja habitualmente. Incluso sostuvo que cuenta con permisos municipales vigentes y que participó del último empadronamiento, donde ese espacio figura como su punto de venta autorizado.
La situación se agravó cuando personal municipal se presentó en el lugar y le comunicó que no podría continuar con la actividad, lo que derivó en la decisión de encadenarse como forma de protesta. Según denunció, detrás de la medida podría existir la intención de liberar el espacio, ya sea por cuestiones de ordenamiento o para reasignarlo.

El caso generó una fuerte repercusión en la zona, con vecinos que expresaron su apoyo a la mujer y cuestionaron el procedimiento. Hasta el momento, no hubo un pronunciamiento oficial detallado por parte del municipio sobre la situación particular.
El episodio vuelve a poner en discusión la situación de los trabajadores informales en la ciudad y el impacto de los controles en sectores que dependen de estas actividades para subsistir.

