Sin registro oficial: los argentinos que combaten en la guerra de Ucrania y ya suman varios muertos

Sin que exista un registro oficial de combatientes ni lineamientos conocidos de Cancillería, el Ministerio de Defensa o las Fuerzas Armadas, existen numerosos argentinos que se alistan para combatir por Ucrania en su guerra contra Rusia, muchos de los cuales ya murieron en el frente.

Una recopilación del sitio Tektónikos reveló las identidades de varios argentinos caídos en combate, en un fenómeno que carece de estadísticas oficiales y que generó incluso una reacción de la embajada rusa en el país.

Los argentinos combatientes guerra Ucrania conforman un fenómeno que crece sin ningún tipo de seguimiento estatal en el país. Se trata de ciudadanos argentinos que decidieron alistarse para pelear del lado ucraniano en el conflicto contra Rusia, en muchos casos a cambio de una paga, y sin que exista un registro oficial que dé cuenta de cuántos son ni en qué condiciones combaten.

Quiénes son los argentinos que murieron en el frente

Según una recopilación del sitio Tektónikos, varios argentinos ya perdieron la vida combatiendo en Ucrania. Entre los casos identificados se encuentran José Adrián “Rogy” Gallardo, de 53 años; Ariel “Merlo” Achor, de 25; y Mariano “Sisu” Franco, de 47. Anteriormente también habían muerto Emmanuel “Coca” Vilte, de 39 años, quien combatía desde 2022, y Cristian “Machete” Airala, misionero de 27 años con experiencia en el Ejército argentino, fallecido junto a dos colombianos tras un ataque con drones y misiles en la ciudad de Járkov.

Pese a estos casos documentados, no existe una nómina oficial ni cifras confirmadas sobre la cantidad total de bajas argentinas en el conflicto. El trabajo del sitio especializado apenas logró identificar el caso de un combatiente retornado, con la pérdida de un ojo, identificado como Julián Nieto, de 30 años. Otro de los referentes de los argentinos que viajaron a pelear por Ucrania es Fabián “Gringo” Castro, de 46 años.

El vacío legal en la Argentina

En el país no existe una legislación específica que regule esta situación. En contraste, Colombia, el país que más combatientes aportó a este conflicto, aprobó este año la Ley 2569, que incorpora la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios de la ONU. Los fundamentos de esa norma reconocen que Colombia es uno de los principales exportadores de militares retirados hacia conflictos internacionales, y plantea la necesidad de combatir el mercenarismo.

La reacción de la embajada rusa

La embajada de Rusia en la Argentina emitió un comunicado en el que advirtió sobre este fenómeno, al considerar que el reclutamiento de “soldados de fortuna” es contrario al derecho internacional, en particular a la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios de 1989. El texto sostiene que, desde el inicio de la ofensiva rusa, el Gobierno de Kiev intentó reclutar masivamente a extranjeros a través de distintas ONG e incluso embajadas, algo que, según Rusia, viola la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961.

El comunicado también señala que la mayoría de los “voluntarios” mueren en zonas de combate, y sostiene que Ucrania no tendría interés en que estos combatientes regresen a sus países de origen, ya que podrían revelar situaciones incómodas sobre la realidad del frente y otras problemáticas internas.

Las denuncias sobre redes de reclutamiento

El artículo del sitio Tektónikos también hace referencia a denuncias vinculadas al reclutamiento de personas bajo la fachada de ofertas laborales, muchas veces relacionadas con seguridad privada o servicios especializados. Según se detalla, estas redes ofrecen salarios que pueden llegar a los 10.000 dólares mensuales, cerca de 40 millones de pesos argentinos. De acuerdo con distintos testimonios recogidos, en varios casos estas propuestas derivan en situaciones cercanas a la trata internacional de personas, con engaños, restricciones a la movilidad y permanencias forzadas en zonas de combate.

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